CARTA DEL FUNDADOR DE PINTUCO
Hay máximas que son tan viejas como el mundo y a las cuales no se les nota su sabiduría porque son axiomáticas y elementales para toda persona honrada.
Aún a riesgo de transitar por caminos comunes, quiero decir para mis hijos, para mis consocios y para mis empleados, algo que me han oído siempre y en lo cual quiero seguir creyendo siempre: la honradez, la verdad y la rectitud, son condiciones esenciales para la vida de relación.
Ser HONRADO es el mejor negocio del mundo, por la sola satisfacción de serlo, por sus consecuencias extrínsecas y por la invaluable tranquilidad íntima de uno saberse así.
La VERDAD es una consecuencia lógica de la honradez, pero es tan importante en la vida ordinaria y en la de los negocios, que vale la pena insistir sobre su práctica constante e invariable. Quien miente está girando en rojo sobre su prestigio y quien dice la verdad, está acumulando créditos para sus seguros triunfos futuros.
Dios no se queda con trabajo de nadie, ni echa de menos una conciencia pura, ni un bien entendido sentido de responsabilidad
La RECTITUD es otra ruta fija aunque a veces parezca tortuosa y difícil: las modernas y defectuosas prácticas comerciales, quieren imponer el dilema de “delinquir o desaparecer”. Sé, sin dudarlo, que es preferible desaparecer y hasta perecer. Llevo más de medio siglo de estarlo comprobando y espero que ustedes no abandonarán jamás esa línea de conducta. No hay que olvidar que hasta los mismos pícaros prefieren hacer negocios con los hombres rectos y honrados que, quien no sepa rechazar aparentes prebendas de dudoso origen, puede tal vez burlar la justicia de los hombres, pero le queda su conciencia y Dios no muere.
GERMÁN SALDARRIAGA DEL VALLE
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